Hay una tarde de tierra blanca
crispada por el norte taciturno,
llena de aromas secos.
De tan blancos los tules
no se distinguen de la luna amenguada,
y la sombra del caracol en la
estela gris por la baldosa.
Tu voz resuena en el aromo de la vuelta
de la isla de Itapí,
cuando el sueño no llega,
cuando el niño llora,
cuando los humedales se secan
agrietando el alma
Hay un color que dibuja de perfil
y un suspiro de complacencia,
soltamos las amarras,
desgarramos ataduras....
el niño ha dejado de llorar.
Z, 2020
