Es como amarrarse
a un ancla de Galeón del siglo XVII
en el último sueño y no despertar
Sólo estirar la manta,
cubrirse y esperar Ser
El que el poniente arrojó a un obelisco
de arena, y el salitre lo petrificó
Ser que no había elegido ser y lo fue
con la tibieza del sol en otoño
y la ira del centauro en su laberinto
Fue semilla en otro sueño,
brote pequeño y caminante perdido
a la orilla de un curso de agua
Transformó la palabra,
escuchó el canto de las sirenas amarrado al carajo,
el silencio del viento
y los rostros perdidos de las sombras
Se descubrió como alguien que retorna
al mismo lugar
Un navegante que al despertar
se enlaza en sus propias raíces
volviendo a ser nuevo brote de otro origen
Zenón, agosto 2026


























