La noche robó la tarde
en un arrebato de pudor
cubriéndola con su oscura manta
El día quita el velo
y se hace carne de este a oeste.
Y en ese retorno sin fin del universo
la fiesta eterna del laberinto lo hace posible,
en un movimiento sin tiempo ni estaciones,
en otras dimensiones
sin galaxias
y en otras paredes sin glicinas.
La noche roba la tarde
una vez,
otra vez
y en su incesante devenir
las márgenes de las palabras
se cubren de silencios,
y las aguas gritan sordamente
en su lecho de barro.
La noche roba la última tarde hoy,
tal vez sea la mía también.
Zenón de Arrabal
2026-9


























