el peso en los oídos
separa la arena del mar,
en esa húmeda y plena madrugada.
los labios dejaron de latir
las manos de sentir
y los
espejos de reflejar
Es posible hurgar en el infinito
y preguntarse? mírame.
mírate del poniente o al crepúsculo
Juega con lo dulce y el amargo
de los ojos en soledad.
El salitre de mejillas sabe
a los veranos en los médanos,
al cielo sin estrellas,
a las risas sin fronteras
y al silencio cálido de la brisa
Es tarde ya...
hora de volver
Donde?
a lo de siempre
A las anclas, a las velas,
al timón de lo cotidiano
Z de A, de proa



























