Regresó del espejo sin dejar rastros,
los marcos se hicieron ancianos
quebrando cada brazo, y
La ciudad no fue la misma
sin el silencio de la montaña.
el poeta se abraza a si mismo
tanteando cada palabra,
de alma
de cuerpo
de espíritu.
la respuesta es el juguete del niño
que no deja de mirarse al espejo.
cuando falten los espejos
se verá a sí mismo
y encontrará la palabra. pensó...
para poder escribir deberé ser niño
z - 2015

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