Al abrazador verano de
un febrero de mitad de siglo,
y en el acertijo
de algunas palabras rudimentarias
Isaura acopló su tierna palma,
a una virginidad desmesurada,
pavorosa,
incandescente,
tímida tal vez
En el candor de las melodías,
despertó sentimientos ancestrales
Aferrada al vaivén de la danza,
ni las palabras brotaban de su boca,
sólo un zumbido involuntario,
atornillado,
seco,
doloroso,
tierno a la vez...
Que las fuerzas del firmamento detengan al tiempo
Que el tiempo descanse
y prolongue lo que Isaura siente...
Zenón del Arrabal

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